Película 2: Romero

 Análisis de la película Romero de John Duigan 

La película Romero narra la vida y el martirio de monseñor Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, durante los primeros años de la guerra civil salvadoreña. La película hace una reflexión sobre el poder, la fe, el silencio cómplice y la resistencia ética en contextos de represión política.

Desde el inicio, se presenta a Romero como un hombre tímido, prudente, más cercano a la iglesia tradicional que al activismo social. Su nombramiento como arzobispo responde a una decisión estratégica de la Iglesia y del gobierno, que buscaban a alguien neutral, apolítico. Sin embargo, a medida que avanza la historia, Romero va siendo testigo de la creciente violencia ejercida por el Estado y los cuerpos militares contra el pueblo, especialmente contra los campesinos pobres y los sacerdotes comprometidos con ellos.

El punto de inflexión de su transformación es el asesinato del padre Rutilio Grande, un sacerdote jesuita y amigo personal que había trabajado en comunidades rurales. Ese crimen conmociona a Romero, y a partir de ese momento, lo que sigue es una conversión dolorosa y progresiva: de un religioso institucional a un profeta incómodo, que denuncia con fuerza y claridad la injusticia social, la violencia militar, y el secuestro del Evangelio por parte de las élites.

Uno de los elementos más potentes de la película es cómo se retrata el conflicto entre la religión como institución y la fe como compromiso ético. Romero se ve presionado por el gobierno, por la cúpula eclesiástica, por los ricos, e incluso por algunos sectores del clero. Pero su fidelidad no está con ellos, sino con los pobres, con las víctimas, con la verdad. Esto lo convierte en un líder solitario.

En sus homilías, Romero comienza a denunciar abiertamente los crímenes del Estado. Utiliza la radio como medio para llegar a todo el país, sabiendo que su voz era la única que todavía podía resonar con autoridad moral en medio del caos. Esa valentía tuvo un costo. Romero fue amenazado, aislado; y finalmente asesinado mientras oficiaba misa. Su muerte, lejos de apagar su voz, la multiplicó. La película cierra con una imagen profundamente simbólica: Romero cae, pero su figura se convierte en semilla de esperanza y de resistencia.

Romero no es solo una película sobre un mártir religioso, sino una denuncia clara de cómo el poder económico y político puede pervertir incluso las instituciones más sagradas. Pero también es una celebración del coraje moral de quienes, en medio del miedo y la violencia, eligen ponerse del lado de los oprimidos.

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