Libro 4: "La psicología como engaño"

 Ensayo sobre La Psicología como Engaño de Edgar Barrero

Leer La Psicología como engaño de Edgar Barrero Cuellar es como mirar con lupa algo que por años dimos por hecho: que la psicología es una ciencia neutra, objetiva, y que ayuda a las personas. Pero Barrero nos sacude, nos hace ver que, en muchos casos, la psicología ha sido más cómplice del poder que aliada del pueblo.

Una de las ideas más fuertes del libro es que la psicología, tal como llegó a América Latina, especialmente a Colombia, no vino para entender ni sanar las heridas profundas de nuestros pueblos. Al contrario, muchas veces simplemente repitió teorías y métodos traídos del norte, que no entienden ni respetan las realidades de nuestros barrios, nuestras comunidades y nuestras historias de violencia y desigualdad.

Barrero se pregunta por qué la psicología no estuvo presente en los momentos más oscuros del país. ¿Dónde estuvo cuando miles de personas fueron desplazadas, torturadas o asesinadas? ¿Por qué no alzó la voz frente a la injusticia? Y lo más triste es que, incluso hoy, cuando se habla de paz, de postconflicto, de sanar colectivamente, la psicología sigue estando al margen.

Lo que más me tocó fue cómo el autor conecta la psicología con la ética. Porque no se trata solo de aplicar pruebas o dar terapia. Se trata de tomar postura. ¿Vamos a usar nuestro conocimiento para que las personas se adapten a un sistema injusto? ¿O vamos a ayudar a transformar ese sistema desde las emociones, los vínculos, la memoria, la historia y la dignidad? Esa es la gran pregunta del libro.

Y es ahí donde aparece la palabra que más se repite: subvertir. Subvertir no es hacer revolución con armas, sino con conciencia. Es dejar de mirar para otro lado. Es construir otra psicología: una que escuche de verdad, que mire al otro como un igual, que se comprometa con el cambio. Una psicología del sur, pensada desde nuestras heridas, pero también desde nuestras esperanzas.

Barrero también critica duramente a las universidades, a los grupos de investigación, a los psicólogos que hablan mucho de derechos humanos, pero hacen poco por ellos. Señala las incoherencias, la falta de compromiso, la frialdad de una psicología que se ha vuelto técnica, pero ha perdido el alma.

Pero no todo es crítica. El libro también sueña. Habla de utopías, de la posibilidad de otra psicología. Una que esté del lado de las víctimas, de los campesinos, de las mujeres, de los jóvenes, de quienes han sido silenciados. Una psicología que no se venda al mejor postor ni se esconda detrás de un lenguaje difícil, sino que mire de frente, se arremangue, y se meta de lleno en la realidad.

Después de leerlo, me queda una sensación incómoda, pero necesaria. Porque tal vez, sin darnos cuenta, muchos hemos caído en ese engaño. Hemos creído que basta con saber teorías, que ser “profesional” es suficiente. Pero como dice Barrero, hay que sentí-pensar. Es decir, unir la razón con el corazón. Porque la psicología no es solo saber, también es sensibilidad, compromiso, ética y acción.

En resumen, este libro no es cómodo. No pretende serlo. Es más bien un espejo que nos muestra lo que no queremos ver. Pero también es una invitación a construir algo distinto. A no seguir repitiendo lo que nos enseñaron sin preguntarnos si eso sirve para nuestra gente. Es, sobre todo, una oportunidad para despertar.


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