Libro 2: "La doctrina del shock"
Ensayo de “La doctrina del shock” de Naomi Klein
En La doctrina del shock, Naomi Klein desarrolla una denuncia al modo en que el capitalismo contemporáneo ha utilizado momentos de crisis y conmoción colectiva para imponer políticas impopulares. A lo largo del libro, Klein analiza un patrón claro: cuando una sociedad está desorientada por un evento traumático (ya sea natural, político o económico), se vuelve vulnerable, y es en ese momento cuando las élites económicas aprovechan para intervenir con reformas radicales que, de otro modo, tendrían resistencia.
El concepto de “shock” es tomado de las prácticas de tortura psicológica: el desmantelamiento del yo a través del miedo, el dolor y la confusión, para luego reconstruir a la persona de acuerdo con los intereses del torturador. Klein traslada este concepto al terreno político y económico. Así como un individuo sometido al shock puede ser reprogramado, también una sociedad traumatizada puede ser “reformada” con nuevas reglas, aunque estas vayan en contra de sus intereses.
Uno de los ejemplos más emblemáticos que ofrece Klein es el de Chile en 1973. Tras el golpe militar que derrocó al presidente Salvador Allende, el país fue sumido en un clima de terror: desapariciones, censura, represión brutal. En ese estado de miedo colectivo, los asesores económicos de Pinochet, formados por Milton Friedman en la Universidad de Chicago, introdujeron una serie de reformas drásticas: privatización de servicios básicos, apertura total al mercado, reducción del gasto social. En un contexto normal, estas medidas habrían sido impensables. Pero el shock del golpe, combinado con el uso del miedo, permitió que se implementaran sin una resistencia significativa.
Otro caso revelador es el del huracán Katrina en 2005, en Nueva Orleans. La tragedia natural, que dejó miles de muertos y desplazados, puso en evidencia el abandono estatal. Pero más allá del desastre en sí, Klein muestra cómo fue utilizado como excusa para desmontar el sistema público de educación y reemplazarlo por un modelo privatizado de escuelas charter. La población afroamericana y pobre, la más afectada por el huracán, no fue tomada en cuenta en las decisiones sobre la reconstrucción. Las grandes empresas, en cambio, recibieron jugosos contratos para “reconstruir” la ciudad, desplazando a comunidades enteras bajo el pretexto del progreso.
Klein también analiza el tsunami en el Sudeste Asiático en 2004. Mientras las comunidades costeras se recuperaban de la tragedia, grandes grupos hoteleros y compañías inmobiliarias aprovecharon el caos para apropiarse de las tierras costeras que antes pertenecían a pescadores y comunidades locales. Se prohibió a los habitantes reconstruir en sus propias tierras, con el argumento de seguridad, pero en realidad se trataba de facilitar la instalación de complejos turísticos de lujo.
Ahora, uno de los ejemplos más complejos que Klein analiza es el de la invasión a Irak en 2003. Bajo la supuesta misión de democratizar el país y liberar a su pueblo, Estados Unidos instauró un régimen de ocupación que, más allá de lo militar, impuso un modelo económico completamente privatizado. Empresas estadounidenses como Halliburton y Bechtel obtuvieron contratos millonarios para la reconstrucción del país, mientras que las leyes iraquíes fueron reescritas para favorecer la inversión extranjera y debilitar la soberanía nacional. Todo esto ocurrió mientras la población vivía en una constante situación de inseguridad, miedo y trauma.
En todos estos casos, se repite el mismo patrón: un evento catastrófico (ya sea planeado o fortuito) deja a la población en estado de shock. Este estado inhibe la capacidad de organización y resistencia. La mente, concentrada en sobrevivir, no se enfoca en cuestionar reformas o defender derechos. Este es el momento perfecto para imponer medidas radicales que favorecen a las élites económicas y políticas.
La denuncia de Naomi Klein no es solo política, sino también ética y humana. Nos enfrenta a una realidad incómoda: la de un sistema que se nutre del dolor ajeno, que convierte la tragedia en oportunidad de negocio y que, en nombre del progreso, sacrifica comunidades enteras.
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