Ensayo sobre "Psicología del niño" de Jean Piaget y Barbel Inhelder

 Psicología en el desarrollo infantil

El desarrollo cognitivo en la infancia es clave para entender cómo los seres humanos construyen su conocimiento del mundo. Jean Piaget y Barbel Inhelder, en su libro "Psicología del Niño", muestran cómo los niños evolucionan desde una interacción sensorial hasta un pensamiento abstracto y lógico. Comprender este proceso es fundamental, no solo para la psicología infantil, sino también para saber cómo se construye la mente adulta y el pensamiento complejo.

Para Piaget e Inhelder, el desarrollo cognitivo es un viaje progresivo e interactivo, influido tanto por nuestra biología como por el entorno en el que crecemos. Este enfoque, que ellos llaman "psicología genética", explora cómo el pensamiento va formándose y transformándose a medida que avanzamos de una etapa a otra. Cada fase en la infancia se convierte en la base de habilidades y estructuras mentales que utilizaremos durante toda nuestra vida. Así, el desarrollo cognitivo no solo está relacionado con lo lógico o abstracto, sino también con el crecimiento social y emocional, mostrando que todos estos aspectos están profundamente entrelazados.

En las primeras etapas, el niño comienza a construir esquemas básicos de asimilación. Estos esquemas son patrones mentales que lo ayudan a interpretar el mundo y responder a ciertos estímulos de forma constante. Uno de los logros más importantes de esta fase inicial es el concepto de "objeto permanente", que significa entender que los objetos siguen existiendo aunque no podamos verlos. Este es un paso importante porque marca el inicio de un cambio de perspectiva: el niño deja de ver el mundo desde un enfoque puramente egocéntrico para empezar a comprenderlo como algo más objetivo. A partir de aquí, el niño construye nociones de espacio, tiempo y causalidad que formarán las bases para sus etapas cognitivas futuras.

Una vez superada la fase senso-motora, el niño empieza a percibir el mundo de manera más compleja y coherente. Aprende a reconocer constancias, como el tamaño y la forma de los objetos, independientemente de los cambios en el entorno. También desarrolla la función simbólica, es decir, la capacidad de representar la realidad a través de símbolos como el lenguaje, el juego y el dibujo. Este desarrollo simbólico es esencial, ya que permite que el niño imite, juegue y forme representaciones mentales de lo que ve. Aunque en esta fase todavía no puede realizar operaciones lógicas complejas, el niño ya es capaz de imaginar situaciones y anticipar eventos, lo cual lo prepara para el pensamiento abstracto.

En la etapa de las operaciones concretas, el niño comienza a manejar conceptos más complejos basados en el mundo físico. A través de la interacción con objetos concretos, desarrolla habilidades como la conservación (comprender que ciertas propiedades, como el volumen o la cantidad, no cambian aunque el aspecto externo lo haga), la clasificación y la seriación. Estas habilidades le permiten ordenar y categorizar elementos, un paso clave para el pensamiento lógico. 

Luego, con la adolescencia llega la fase de las operaciones formales, donde el pensamiento se vuelve más abstracto y el niño puede razonar sobre ideas y conceptos sin necesidad de referencias concretas. Aquí es donde se desarrolla el pensamiento hipotético-deductivo, una capacidad que le permite formular hipótesis, prever consecuencias y realizar "experimentos mentales". En esta etapa, los adolescentes pueden explorar temas más complejos, como la justicia o la moral, y cuestionar las normas establecidas. Esta habilidad para analizar alternativas y pensar críticamente les da una mayor autonomía en la toma de decisiones y en la evaluación de situaciones.

La obra de Piaget e Inhelder nos muestra que el desarrollo cognitivo infantil es un proceso activo y estructurado, en el cual cada etapa sienta las bases para la siguiente. Cada fase implica avances en la comprensión y permite al niño construir un sistema cognitivo cada vez más complejo y flexible. El desarrollo cognitivo es, entonces, no solo un proceso biológico, sino también el resultado de la interacción constante entre el niño y su entorno. Al entender este proceso, educadores, padres y psicólogos pueden acompañar de manera más efectiva el desarrollo de habilidades esenciales para la vida adulta. Así, Piaget e Inhelder muestran a la infancia no solo como un período de crecimiento físico, sino como una fase crítica en la formación del pensamiento humano.

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